Formas de meditar en la cotidianeidad
Las formas más clásicas de meditación implican gran concentración, tiempo y un espacio acondicionado para su práctica, por lo que muchas veces resulta complejo para la mayoría de las personas. Sin embargo, existen estrategias para meditar en pequeños intervalos de tiempo y de formas más simples que podemos incorporar a nuestras rutinas diarias ¿Quieres saber cómo? ¡Aquí te contamos!
En el transporte público
Si te encuentras en la micro o en el metro, puedes meditar prestando atención a tu respiración. Un truco muy eficaz y con resultados instantáneos es sentarte en cuanto puedas y hacer 10 respiraciones profundas durante un periodo de dos a tres minutos. Solo con eso, notarás un gran cambio en tu estado mental. Otra forma es poner plena atención en lo que te rodea y enfocarte en los colores del paisaje a través de la ventana, en algún olor que percibas o sentir la textura del asiento, por ejemplo. La atención sensorial aquieta la mente, porque la obliga a salir de un bucle de pensamientos y preocupaciones que pueden causar ansiedad.
Al caminar
Puedes usar esta técnica donde sea que camines, en un bosque silencioso, en una vereda en la ciudad o incluso en el centro comercial.
Al caminar es recomendable reducir la velocidad para concentrarse en cada movimiento. Te aconsejamos enforcarte en los movimientos de las piernas o los pies y repetir verbos de acción en tu mente como: “levanto” y “bajo” (al levantar el pie, mover la pierna hacia adelante y bajar el pie nuevamente al suelo). También, puedes contar tus pasos y sincronizarlos con tu respiración. Por último, puedes dirigir tu atención a tu entorno y conectarte con él a través de los sentidos.
Al comer
Comer se ha vuelto un acto mecánico, que hacemos en piloto automático y, muchas veces, con demasiada prisa, lo que no nos permite disfrutar y concentrarnos en lo que ingerimos. Por eso, la idea de este tipo de meditación es dirigir nuestra conciencia plena hacia las emociones que nos evoca cada textura o aroma y a lo percibimos a través de los sentidos. Te aconsejamos analizar tu comida, su forma, colores, texturas y a la temperatura que percibes solo con verla. Luego, intenta narrar en tu mente las acciones que realizas mientras almuerzas, como por ejemplo: “estoy sentada a punto de comer este pedazo de pan”.
Conéctate con todos los aromas y sabores e intenta descifrar los ingredientes que no se ven, pero están ahí. Mastica despacio e imagina cómo van funcionando los músculos de tu cara y de tu cuerpo. Además, puedes intentar descubrir qué te hace sentir el sabor o qué emociones afloran.
Algunos tips
Dirige tu atención a la respiración. Concéntrate en lo que sientes y lo que oyes al inhalar y exhalar por la nariz. Respira profundamente y despacio. Cuando te distraigas, vuelve prestar atención a tu respiración. Basta con empezar con cuatro respiraciones profundas a diario.
Un aspecto clave es no juzgar los pensamientos que aparecen durante el proceso. Sólo déjalos pasar y vuelve a concentrarte en la respiración y en lo que percibes a través de los sentidos y, si quieres ir más allá, intenta descubrir las emociones que van apareciendo.
Recuerda que no hay forma correcta o incorrecta de meditar. La idea es ir entrenando y practicando para calmar la mente. Si hay alguna otra técnica en particular que te ayude a alcanzar este objetivo, ¡adelante!
No te frustres si no lo logras en los primeros intentos. Meditar es como entrenar un músculo: al comienzo la mente suele distraerse y volver a las preocupaciones, lo importante perseverar. Con solo unos minutos en que logres centrarte en la respiración, en las sensaciones o en lo que te haga sentido para aquietar la mente, ya estarás brindando un sinfín de beneficios a tu organismo